2010/01/29

Un Bartleby ha muerto


El escritor estadounidense Jerome David Salinger ha muerto a la edad de 91 años, tras más de 45 años de silencio editorial, en lo que se puede considerar uno de los casos más llamativos del fenómeno Bartleby, similar al del escritor mexicano Juan Rulfo.

Salinger es conocido mundialmente por su novela "El guardián entre el centeno", que ha vendido más de 60 millones de ejemplares, así como de "Levantad, carpinteros, la viga del tejado", entre otras obras.

Salinger se fue a vivir a una casa de campo y, al parecer, se dedicó a cultivar diversas filosofías, como el budismo o la cienciología, pero lo que quedara de él será su obra literaria, que ha influido en numerosos escritores.

Nacido en New York en 1909, en el seno de una familia pudiente, jamás se mezcló con los fastos del mundo literario. Su hija Margaret publicó en el año 2000 unas memorias en las que no sale muy bien parado, ya que le acusa de estar obsesionado con la religión e incluso de maltratar a su segunda esposa.

Que la tierra le sea leve.

2009/12/14

Campo Santo

"Allí abajo, donde, hasta bien entrada la posguerra, una comunidad de pescadores de unas doce almas vivía en casas toscamente construidas, cubiertas de chapa ondulada y hoy parcialmente cerradas con tablas claveteadas, pasé la mitad de la tarde con algunos otros veraneantes de Marsella, Múnich o Milán, que, con sus provisiones y pertrechos, se habían instalado en parejas o grupos familiares a distancias de lo más regulares posible, y estuve largo tempo sin moverme, echado junto al arroyuelo, cuya agua como de azogue incluso entonces, a finales del verano, descendía por los últimos peldaños de granito del fondo del valle, con su proverbial murmullo, que yo conocía de algún pasado familiar, para entregar silenciosa su alma en la playa y ser absorbida por la arena."

W.G. Sebald (1944-2001)


[Hoy, 14 de diciembre, se cumplen ocho años del fallecimiento de Winfred Georg Maximilian Sebald, para sus amigos Max, al chocar su vehículo contra un camión en las proximidades de Norwich, condado de Norfolk, en el este de Inglaterra, donde residía desde los años setenta. Párrafo extraído de su obra póstuma Campo Santo, Anagrama, Barcelona 2004, pág. 19]

2009/12/01

Sebald, punto y aparte

Hacía tiempo que no disfrutaba de una lectura como la de "Austerlitz", la novela de W.G. Sebald que desgrana la vida de Jacques Austerlitz, un niño judío de Praga que es enviado a Gales con el fin de salvarle de la guerra y allí es adoptado por un pastor protestante y su esposa.

Desde la primera página te sientes atrapado por la prosa de Sebald, trasladada al castellano por el gran Miguel Sáenz, traductor de Bernhard y Walser, entre otros hitos de la literatura germana. En la novela importa lo que cuenta, pero sobre todo, cómo lo cuenta. El modo en que Austerlitz cuenta al narrador su vida en esos encuentros casuales que comienzan en la estación de ferrocarril de Amberes, durante un viaje turístico del autor/narrador.

Murió Sebald en un absurdo accidente de tráfico en las proximidades de Norwich, ciudad inglesa en la que residía desde los años sesenta. Tal vez se perdió la oportunidad de que escribiera obras como Austerlitz o no, eso nunca lo sabremos. Sin embargo, tenemos lo que dejó escrito, que es bastante.

Yo comencé mi acercamiento a Sebald leyendo Los anillos de Saturno. En mi ingenuidad creía que Sebald era un escritor alemán vivo, contemporáneo de Vila-Matas, más o menos. Luego supe de su muerte. Más tarde leí Vértigo, y ahora me encuentro con Campo Santo, apenas comenzado.

Si alguien lee esta columna, que intenté aproximarse al mundo literario de Winfred Georg Sebald. Disfrutará de la literatura con mayúsculas, alejada del obsceno ruido de los best-sellers y otras zarandajas ramplonas. El próximo día 14 de diciembre será el octavo aniversario de su muerte, tal vez una ocasión inmejorable de empezar a leerlo.

FICHA:
- Austerlitz - W.G. Sebald. Anagrama, Barcelona 2002
- Los anillos de Saturno - W.G. Sebald. Anagrama, Barcelona 2008
- Vértigo - W.G. Sebald. Debate, Madrid 2001
- Campo santo - W.G. Sebald. Anagrama, Barcelona 2007

2009/10/28

Mankell te atrapa con Wallander

Henning Mankell

Nunca he leído novela policíaca o negra, si exceptuamos los cuentos de Poe o alguna de Hammet. Esta primavera me entró el gusanillo de probar con Wallander, el policía creado por el dramaturgo sueco Henning Mankell. Empecé por el primero, "Asesinos sin rostro", y de una tacada llegué hasta el quinto, "La falsa pista". Ahí me dí un respiro y ahora me encuentro en la duda de cuándo hincarle el diente al sexto de la serie, "La quinta mujer".

La capacidad de enganchar de Wallander la he comprobado no sólo en mi propia persona, sino en familiares y amigos, que no pueden dejar de leer el siguiente libro del autor sueco. Es cierto que se trata de literatura de entretenimiento, escrita con frases cortas y mucho diáĺogo, yo diría que con un estilo muy cinematográfico, pero que, a su vez, lanza críticas sobre la sociedad sueca, y en general sobre la occidental, tratando problemas de rabiosa actualidad como la migración, los grandes negocios capitalistas, los conflictos interétnicos, las mafias de la droga y un montón de asuntos más. Asimismo, Mankell aborda conflictos familiares como el divorcio, las relaciones padre-hija, o su conflictiva relación con su padre, un personaje entrañable en las novelas de Wallander.

Está bien leer a Faulkner o a Vila-Matas, mis últimas lecturas "serias", pero introducirse en el mundo de Mankell, a través de Kurt Wallander, el polícia de Ystad, es una opción inteligente de pasar un buen rato enganchado con las andanzas de este personaje, que es un verdadero anti-heróe.

[NOTA: Todas las novelas de Wallander están publicadas en la editorial Tusquets, en sus colecciones Andanzas y Maxi]

Página sobre Henning Mankell en castellano
Wikipedia: Mankell

2009/05/11

Metaliteratura


De un tiempo a esta parte está muy de moda el fenómeno de la metaliteratura, es decir, de aquella literatura que trata de la literatura, de los autores y de los personajes de los libros, que aparecen y desaparecen por sus páginas para mayor gloria del autor metaliterario.

No seré yo quien reniege de esta práctica. Es más, la historia de la literatura está repleta de metaliteratura, y no hay más que recurrir al ejemplo de las andanzas del caballero Keixana o Quijano para demostrarlo.

Es cierto que ahora se habla más de Vila-Matas, Paul Auster o W.G. Sebald, estúpidamente fallecido en un accidente de tráfico, como representantes de esta corriente. Se habla de otros muchos, pero a estos tres les he leído un poco, y por eso los cito.

Ahora bien, si uno se adentra en "Carlota en Weimar", una novela de Thomas Mann, se encontrará con que uno de los personajes principales de la misma no es otro de Goethe, el imponente autor germano de "Las cuitas del joven Werther" o "Fausto". Y en este caso la metaliteratura va mucho más allá, porque en el libro se realiza una profunda disección de la personalidad de Goethe.

Por lo tanto, todo está inventado. Las máscaras, los heterónimos, los "negros", los concursos amañados, en fin, que la literatura es un mundo tan previsible en la línea general como sorpresivo en el detalle.

Por cierto que estoy ahora con los "Exploradores del abismo" de Vila-Matas, una colección de cuentos del autor barcelonés que no em acaba de convencer, pese a algunas explosiones de genialidad, como nos acostumbra el autor. Anteriormente visite las neuras de Auster, el eterno insomne, en "Un hombre en la oscuridad", relato que tiene, como los partidos de fútbol, dos partes. La primera. en la que domina el equipo de casa, el propio autor, y la segunda en la que, para mí gusto, pierde un poco la medida. La nueva guerra civil estadounidense bien, los cuentos del abuelo a su nieta, manifiestamente mejorables.

Fichas:
Carlota en Weimar, Thomas Mann, Edhasa, Madrid 2006
Exploradores del abismo, Enrique Vila-Matas, Anagrama, Barcelona 2007
Un hombre en la oscuridad, Paul Auster, Anagrama, Barcelona 2008

2009/02/27

Releer, ese vicio solitario

Castillo de Michel de Montaigne

Aunque en estas fechas he leído libros nuevos, es decir, libros que no tenía leídos, especialmente ensayo histórico -obligado por mi trabajo-, también he realizado alguna incursión literaria, como "Iturrino handia" de Hasier Etxeberria, editado por Susa.

Pero de lo que quería escribir, después de tanto tiempo sin visitar a Bartleby, era de la relectura, ese vicio solitario que más te gusta practicar a medida que vas cumpliendo años. Son contados los libros que he leído más de una vez, entre ellos "El Quijote" y "Cien años de soledad", pero tampoco me refiero a eso.

Lo que trato de recomendar al visitante de Bart es la relectura de capitulos, trozos, párrafos... de algunos libros interminables, libros que siempre estarás releyendo, porque siempre te apetecerá volver a ellos, aunque un ratito antes de acostarte.

Las dos mejores propuestas para este releer interminable que os propongo son los "Ebsayos" de Michel de Montaigne y el "Libro del desasosiego" de Fernando Pessoa. Conozco a gentes que realizan similar ejercicio con "Gero" de Axular, pero no me siento preparado para ello, por el momento, aunque algún día me atreveré con él, sin duda.

No son libros de argumento, ni de historias, ni de personajes, son libros de sensaciones, de pensamientos, de reflexiones. Libros a los que hay que volver una y otra vez. Por placer y, de paso, para aprender un poquito de la vida.

2008/11/10

De diarios y otras melancolías



Ultimamente he dedicado parte de las lecturas a los diarios. Primero acometí los de Jules Renard (DeBolsillo) y luego el primer tomo, hasta 1910, de los de Lev Tolstói. Ambos concluyen el mismo año, pero no tiene ucho que ver. Renard incluye sus aforismos, sus pensamientos ingeniosos y su afán por triunfar en la literarura. Tolstói se centra más en sí mismo, en las relaciones con su esposa e hijos y en su melancolía vital.

Próximamente encararé la segunda parte de esa selección publicada por Acantilado, editorial que acaba de sacar a la luz la correspondencia del escritor ruso. Mientras he leído las "Extrañas estrellas" de Emine Segvi Özdamar, la escritura turco-germana que tanto me gusta. Todo lo que se ha publicado en castellano de ella he leído y espero que se publiquen más cosas.

El libro no es exactamente un diario, pero se asemeja a uno en su segunda parte. Es, en todo caso, un libro autobiográfico que recorre su llegada a las dos Alemanias, la Ocvcidental y la Oriental, y su contacto con el mundo del tratero brechtiano de la época. Estanos en los años setenta, con la Baader-Meinhof revoloteando por el libro. El libro está ublicado por Alfaguara, como todos los de Emine.

Y para rematar lo de Tolstói, he leído también "Felicidad conyugal", un relato publicado por Punto de Lectura, que refleja la maestría del ruso a la hora de narrar. Una pequeña joya muy recomendable para ir entrando en la gran obra del gigante ruso.


Ficha:
Diario,
Jules Renard, DeBolsillo, 2008
Diarios (1895-1910)
, Lev N. Tolstói, Acantilado, 2003
Felicidad Conyugal, Lev N. Tolstoi, Punto de Lectura, 2001
Extrañas estrellas, Emine Sevgi Özdamar, Alfaguara, 2005

2008/09/01

Volver a Banville




Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Debe ser esa la razón de que haya dedicado unos cuantos días de lectura a "El intocable" de John Banville. Arranqué mi experiencia con este autor irlandés con sus "Imposturas" y esta otra entrega se me antoja superior, dada su inspiración en hechos históricos.

Banville no tiene una gran imaginación. Su fuerte es el lenguaje, la descripción de personajes y atmósferas, la creación de climas narrativos contundentes. Todo eso lo hace muy bien. Hay pasajes en los que se disfruta leyendo. Pero una novela debe ser algo más que una sucesión de pasajes más o menos entrelazados. Tal vez en el caso de "El intocable", un agente doble que trabajó para Moscú y que, además de experto en arte era pariente de la familia real británica, se atreve con demasiados personajes, todos ellos susceptibles de ser protagonistas del complot.

La estratagema de dictar sus memorias a una joven periodista no cuela. Es demasiado forzada y la relación del protagonista homosexual con su esposa es chirriante. Las visitas a la casa familiar son siempre fallidas, por la falta de desarrollo. La relación con los dos hijos, practicamente no se menciona. La historia de su hermano retrasado tiene grandes posibilidades, pero se queda en el intento. El desfile de fiestas y las descripciones de sexo, a mí entender, empalagan bastante. En la cuestión del sexo, Banville no acaba de lograr el equilibrio y me da la impresión de que se abandona en aras a una supuesta comercialidad de sus libros. El sexo, por lo que parece, siempre vende bien.

No quiero ser demasiado duro, pero es lo que hay. Mi impresión es que al autor siempre le falta algo en los ingredientes o en el tono para redondear la receta.

Por cierto que Banville, que tal vez se ha dado cuenta de ello, está abriendo una nueva vía narrativa bajo el seudónimo de Benjamin Black, con el que ha firmado ya dos novelas policíacas: "El secreto de Christine" y "El otro nombre de Laura". No las he leído, así que me limito a informar al interesado.

[Ficha: "El Intocable", John Banville, Ed. Anagrama 1999
"El secreto de Christine", Benjamin Black, Ed. Alfaguara 2007
"El otro nombre de Laura", Benjamin Black, Ed. Alfaguara 2008]

2008/07/24

Un cartero llamado Ferracuti



Llegó a mis manos por casualidad y a primera vista lo confundí con un manual de auto ayuda. Sin embargo, al comenzar a leerlo me di cuenta de que era algo bien distinto. Una colección de reportajes sobre el mundo laboral en Italia, sobre la salud laboral, el mobbing y otros aspectos colaterales.

Da la impresión de que Ferracuti es un veterano comunista que quiere poner orden entre tanta injusticia. Y lo hace. El relato sobre la abestosis en Monfalcone, fruto del modo de producción de unos grandes astilleros, merece pasar a la antología de la literatura obrera.

Es cierto que alguno de los capítulos baja en intensidad, pero tanto el citado, como el de los mineros sepultados en Bélgica, o el del propio camionero Gino, tienen un nivel estimable.

A ello se añade una cuidada edición, con algunos pequeños errores de traducción eso sí, a cargo de una nueva editorial con sede en Donostia, Meettok, cuyos primeros volúmenes editados prometen.

Lean a Ferracuti, disfruten con el amargo sabor de la derrota obrera, y piensen que al menos todavía nos quedan fuerzas para contar nuestros infortunios.

[NOTAS: "Los recursos humanos", Angelo Ferracuti, Meettok, Donostia 2008.]

2008/07/02

Del vértigo de Sebald al spleen de Pamuk




Ando tarde con las reseñas de libros, pero intentaré ponerme al día. Terminé hace ya semanas "Vértigo" de W.G. Sebald, el autor alemán del que antes reseñé "Los anillos de Saturno". Es esta la primera obra que se tradujo al castellano y el libro es una delicia., para mentes sensibles, que no sensibleras. A quienes les chiflen los pilares de la tierra y similares, que se abstengan.

Aunque la semblanza del doctor K: , supuesto sosias de Frank Kafka, es una maravilla, la parte que más me ha gustado es "Il retorno in patria", que recoge su regreso al pueblo en que nació, tras 30 años de ausencia, y la descripción de los personajes que lo pueblan. Resulta una lectura altamente recomendable.

Y pasamos al siguiente, "Estambul", de Orhan Pamuk. Autor de moda, gracias al Premio Nobel de 2006. Conozco a Pamuk por "El castillo blanco" y "La vida nueva", mejor el primero sin duda. Pero vayamos con su último libro publicado. Él lo llama amargura, pero podría llamarlo fado, melancolía, o de otras mil maneras. A Pamuk, la vieja Constantinopla le puede. Ha estado viviendo lejos de ella, en Estados Unidos, pero siempre ha vuelto a su ciudad, a su "edificio Pamuk", a su Bósforo, a sus casas ardiendo.

Tras leer el libro te entran ganas de ir a Estambul o de no ir a ninguna parte nunca más. Así de ambiguo me parece todo. Y que decir de las peleas con su hermano mayor, que me han recordado las propias, o de las primeras exploraciones sexuales y su novia-modelo, pintada de todas las formas posibles. Una delicia, tan sólo empañada, a veces, por las demasiado detallistas descripciones de pinturas y libros antiguos sobre Bizancio.

[Datos: "Vértigo", W.G. Sebald, Ed. Debate y "Estambul", Orhan Pamuk, Debolsillo 2007]

2008/06/23

Jueves



Esperó tres instantes antes de arrodillarse sobre la tierra roja./
Era jueves. Llovía. Su raído sombrero volaba hacia las nubes./
Creyó en Dios hace mucho y con el miedo presidiendo su cuerpo/
Acogió la ráfaga de fuego que acabaría por dejarlo muerto./

Sin aliento en la boca, aturdido por el coro de gritos de los verdugos,/
Se esforzó en un escorzo, un saludo final, pero todo fue inútil./
El médico forense corroboró lo obvio, le expidieron envuelto hasta la morgue/
Y halló la paz eterna en el frío del mármol./

Por fin era hombre vivo. /
Se entretuvo un momento para peinarse un poco, limpiarse los zapatos y encender un cigarro./
Había engañado de nuevo a los matones./
Tomó un taxi en la esquina: “Acerqueme al estadio”./
El sombrero no podía estar lejos./


[2008-01-8]

2008/05/30

Banville o la falsedad



He terminado hace poco la lectura de "Imposturas", del irlandés John Banville, considerado por parte de la crítica uno de los mejores estilistas vivos en lengua inglesa. No seré yo quien les desmienta. La versión castellana, que por cierto es manifiestamente mejorable, seduce al lector. Pero eso no quiere decir que la novela sea genial, Hay algo de artificioso o de rebuscado en ese viejo escritor belga, afincado en California, que se encuentra con su admiradora Cass Cleave en un congreso cultural de Turín.

Resulta todo demasiado redondo para ser real, o por lo menos para ser más creíble. Las hazañas sexuales de Axel Vander, el viejo protagonista, tampoco es que vengan mucho a cuento. Y la investigación de la chica, que descubre que Vander no es Vander, sino un amigo de Vander que se hace pasar por él, está un tanto vista. Amén del sobado asunto del judío que no se comporta como un buen miembro de su comunidad.

Dicho esto, y esperando que alguna otra novela de Banville me entusiasme más, ruego al lector que no considere el comentario como un ataque directo al libro. Simplemente es mi opinión, seguramente equivocada, sobre "Imposturas". Prometo seguir la pista al irlandés.

["Imposturas", John Banville, Anagrama, Barcelona 2005]

2008/05/11

Un paseo con W.G. Sebald

W.G. Sebald en su laberinto boscoso inglés

Retomo mi descargo de lecturas con "Los anillos de Saturno" de W.G.Sebald, un autor alemán, ya desaparecido, pero absolutamente contemporáneo. He llegado a él gracias Robert Walser. Un librito de Sebald sobre los paseso del suizo con Carl Seelig hizo que me interesase por él y topé con el libro señalado.

En el mismo, Sebald se plantea un recorrido a pie por la costa oriental inglesa, mera disculpa para abordar los temas que le resultan interesantes. La presencia en determinado puerto o la visión de una villa le llevan hacia otros pasajes, otros paisajes, otros sueños.

Es una lectura agradecida la de Sebald. Proporciona serenidad al lector, lo que no es poco en estos tiempos de ansiedad y estrés, y le hace gozar de los pequeños placeres de la vida. Sebald murió en un accidente de tráfico en la misma zona que describe, dónde vivía autoexiliado de su Alemania natal desde los años setenta. Su destino, que le une a insignes figuras como Bufalino o Barthes, también destruidas por el automóvil, es tan absurdo como sublime.

Lo más bonito de toda esta historia es que me enteré de que era un autor fallecido después de haber leído el libro, lo que me produjo un cierto escalofrió. Conclusión: Seguiré leyéndolo y recomiendo a quien lea estas líneas que también lo haga. Será recompensado en salud para su alma aturdida por el caos reinante.

PD: Se me olvidaba, ¡ay! que Sebald intercala fotos en blanco y negro de sus historias dentro del libro, manía que cumplió en todos sus volúmenes.

2008/04/09

El tiempo recobrado



Evocaciones por doquier asoman,
Desde el surco del tiempo recobrado,
que arroja ingratitud y vierte espanto
sobre lo más recóndito que añora.

Tal vez mañana, unos certeros rayos
de luz diluyan las malignas sombras
Y concedan una esbelta forma
A quien fue fiel como perro al amo.

No cejarán en su bastarda norma
Para que prevalezca siempre el daño
Y expulsar del camino a aquel que estorba.

Mas han de hallar contra su empeño un pacto
Que frene su invitación a la zozobra
Y ponga paz donde tan sólo hay llanto.


[Venciendo mi enfermiza timidez, traslado un poema que escribí en enero, dentro de un periodo fértil de contacto, de nuevo, con la poesía, la madre de todas las expresiones. Por si aguien no se ha dado cuenta, es un soneto]

2008/03/25

Empacho de Walser



Robert Walser fotografiado por Carl Seelig

Reseño aquí varias lecturas en las que está presente Robert Walser, ese escritor desaparecido en el manicomio de Herisau durante tantos y tantos años. Inicio el comentario con el librito de W.G. Sebald El paseante solitario, publicado por Siruela, en el que se hace eco de los paseos de Walser junto a Carl Seelig, su albacea y consejero, por la comarca cercana al sanatorio. Un librito que en su nimiedad brilla por sí solo.

De ahí he pasado al Doctor Pasavento de Enrique Vila-Matas, cuyo esqueleto se lo proporciona el propio Walser, omnipresente a lo largo de la obra. Hay mucho más que Walser, pero sobretodo está el escritor suizo. Cada libro de Vila-Matas que encaro me resulta más placentero. Seguiremos sus incursiones entre la realidad y la verdad. El libro está editado por Anagrama.

La tercera pata la compone Paseos con Robert Walser, de Carl Seelig, una especie de mecenas literario y poeta que acompañó durante muchos años a Walser en sus paseos. Es un libro delicioso, lleno de sensibilidad, en el que Seelig desgrana aspectos de la vida cotidiana del escritor, así como sus opiniones sobre temas tan trascendentes como la guerra mundial, los nazis o la literatura universal. El libro, editado en 2000 por Siruela, es una auténtica joya y todo aquel a quien le guste la buena literatura, disfrutará con él, más si se trata de un seguidor de Walser, como es mi caso. He leído la mayoría de libros del autor suizo y no me canso de seguir haciéndolo. Me quedo boquiabierto al leer que El ayudante lo terminó en seis semanas, y que en un tiempo similar escribió Los hermanos Tanner. Es de no creer.

Ahora estoy con un segundo libro de Sebald, Los anillos de Saturno, editado por Debate, que promete. La reseña la dejo para otra ocasión.